lunes, 2 de julio de 2018

Relaciones entre padres e hijos.



‹‹Deja que tu hijo decida cuándo quiere tener contacto contigo. Los niños son los que necesitan a los padres, no al revés. Cuando tú actúas como si lo necesitases a él, le estás entregando el poder sobre ti, lo que no es bueno ni para él ni para ti. Quien tiene la razón puede esperar››.

(Carta a los padres, de Bert Hellinger).










miércoles, 23 de mayo de 2018

Sistémica y literatura (sec.)



Para Brigitte Champetier de Ribes, Ignacio Félix Zaldívar García de Galdeano, Gema García Rodríguez y Marta Martín Gómez, con mi agradecimiento y mucho cariño. Gracias por ser como sois.


Moral: el bien y el mal.



‹‹Si en algún lugar hubiera personas acechando para perpetrar iniquidades bastaría con separarlas del resto de nosotros y destruirlos. Pero la línea que divide el bien y el mal pasa por el centro mismo del corazón de todo ser humano. ¿Y quién está dispuesto a destruir un solo fragmento de su propio corazón?››.
                                                                                                  Aleksandr Solzhenitsyn



miércoles, 2 de mayo de 2018

Eneatipo 3, subtipo conservación


 Talleres de mayo en Huelva: Eneagrama y Constelaciones Familiares.






  Algunos aspectos del Eneatipo 3, subtipo conservación:


 Fragmentos tomados de "Persona y sombra: lo destructivo para sí y para los demás" (por Ferrán Pauné y Assumpta Mateu), en Psicología de los eneatipos. Eneatipo 3. Vanidad, de Claudio Naranjo (ed.), (Barcelona, 2017, Ediciones La Llave).

‹‹La presentación del Eneatipo 3 (E3) conservación ante los demás se puede resumir con los siguientes descriptores: alguien adecuado, serio, perfecto, confiable, seguro, al servicio del otro y feliz por hacerlo, sin problemas, con las dificultades superadas y todo bajo control. Se trata pues de personas muy clavadas en el “hacer” y en superarse (“yo puedo”), dado que los títulos (“yo valgo”), éxitos (“soy visto”) y logros (“soy alguien”) van encaminados a confeccionar una máscara que debe compensar todas las necesidades no satisfechas y las deficiencias de desarrollo psicoemocional. Al sobrevalorar los logros y los éxitos, sacrifican el placer, el reposo y lo lúdico. Y sacan su frustración profunda de una forma encubierta.

El E3 conservación se presenta típicamente como alguien que está siempre muy ocupado, enérgico, optimista, lleno de planes, expectativas y proyectos interesantes, autosuficiente, independiente y satisfecho en la vida. La sobreocupación tiene aquí la función no tanto ya de mostrarse como una persona muy válida, como de esconder ante sí mismo la inseguridad de ser. En definitiva, ese estrés va aparejado a la búsqueda de seguridad. Es por esa misma razón que vende seguridad, aconseja a los demás, ofrece soluciones, da lecciones, sabe cómo hacer las cosas bien y salva a los demás. Ahí radica otra característica de la presentación del conservacional: ser bondadoso e incluso benevolente, acercándose al modelo de Robin Hood; busca destacar por sus buenas obras. 

Aun siendo extremadamente competitivo, el E3 conservación puede trabajar bien en equipo, donde pretende asumir el liderazgo de la organización y la ejecución de las actividades. No obstante, y contrariamente a lo que podría pensarse, cuando son otros los líderes intenta aliarse con ellos, cediendo el liderazgo a cambio de mayor seguridad. 

Ahora bien, cuando se siente amenazado puede atacar por la espalda (aunque solo sea desde la crítica aparentemente objetiva). En estos casos suele también retirarse emocionalmente, ya que tolera muy mal el rechazo y la no confluencia. Pero, ¿por qué tal exigua capacidad de estar con el rechazo del otro? Porque debe ocultarse a sí mismo el sufrimiento que le representa su enorme necesidad del otro, más aún estando este a una buena distancia emocional. Y es que, ¿con quién va a relacionarse un individuo que huye de conectarse consigo mismo? Pues con personas que tampoco estén muy conectadas. 

No deja de sorprender que un carácter fijado en la confluencia haga lo posible para no contactar con el otro ni consigo mismo, es decir, que se autoboicotee. La confluencia real estriba en la escucha mutua y en un encuentro desde el sentir. ¿Por qué evita esa escucha centrada (real) y el sentir profundo? Por su necesidad de ocultarse a sí mismo el miedo a ser (a expresarse, a manifestarse) y a un eventual contacto consistente con el otro que le lleve a la verdad. 

Justamente una de las características más relevantes de este subtipo -el ser buena persona e inofensiva- constituye la base de la manipulación, un rasgo que en la mayoría de conservacionales queda escondido y no visible. Esa parte monstruosa existe cuando hay un objetivo y la necesidad de conquistarlo. La forma de llegar a ello es usar cualquier tipo de arma, adoptando la moral a lo que la persona quiere. Los fines justifican los medios. No obstante, los medios no aparecen y quedan en secreto para mantener la imagen de buena persona. 

Cabe mencionar que el E3 conservación tiene mayor dificultad que los otros subtipos para encarar un conflicto. ¿Por qué? El conflicto y la confrontación traen la idea de desarreglo, de rechazo, de inseguridad, y la amenaza de abandono o distanciamiento. Los conservacionales no muestran la debilidad, a lo cual se añade el deseo de que los demás descubran que necesitan ayuda. Es más: aun así pueden llegar a rechazar la ayuda: “No, gracias, estoy bien”. En definitiva, una vez más, bajo la autonomía está el gran dragón de la supervivencia; un dragón que destruye vínculos. 

No es de extrañar el miedo a que se descubra que la persona no es tan buena o generosa como aparenta, lo cual induce a trabajar cada vez más para mantener la máscara, esa imagen de que se puede hacer cualquier cosa. Se observa cómo el optimismo oculta la desesperación, el estar atareado oculta la angustia de sentir el vacío. 

Otro punto de interés es la falta de espiritualidad auténtica. La espiritualidad verdadera no se encarna porque la vive desde el logro y la imagen, como dos zanahorias más delante del burro de carga: la promesa de ser mejor y más aceptado, y la de la felicidad sin tener que mirarse la popia oscuridad. La persona se puede mostrar como alguien avanzado espiritualmente, puesto que eso implica reconocimiento. Pero en realidad es un medio de escape de la falta de conexión consigo misma, y un modo de esconder el miedo al mundo, a la vida y a vivir. Dado que el futuro no se puede adivinar ni controlar, le da miedo. Por ello vive preservándose de la incertidumbre, de todas las maneras materiales posibles, ya que no confía en la vida. 

Uno de los aspectos más destructivos del E3 conservación bien pudiera ser la manera como da salida a la frustración profunda de no sentirse ser, es decir, de saberse intuitivamente desencaminado de la autorrealización y lejos de la plenitud. Esa frustración, que nace del dolor del desarraigo profundo, se vuelca en forma de exigencia y de rabia hacia los que le rodean. Esa rabia que debe contener para mantener la máscara de adecuado y bueno explosiona por las fisuras de la crítica, la exigencia, la protesta, la reivindicación e incluso el despotismo. 

En fin, lo más destructivo para sí mismo y para los demás es la ocultación del vacío de ser tras una máscara valorable, junto a la expresión destructiva del desasosiego interno que ello conlleva. El camino de vuelta a casa es el inverso, es decir, el que va de la mediación a la meditación››.




También la herida forma parte de la vida, y también la cicatriz, que indica que la herida está curada, aunque el lugar sigue siendo vulnerable; nos advierte de proceder con atención y cautela, (Bert Hellinger)››.




Cine y configuraciones familiares (12)



Inmigración, marginación, exclusión, desarraigo; identidad, supervivencia, campo de refugiados; inclusión, solidaridad, fraternidad, empatía, amistad, esperanza, concordia, inclusión; relación de pareja, amistad, adolescencia.






‹‹En una época como la nuestra donde hemos ido perdiendo paulatinamente nuestra condición de ciudadanos hasta convertirnos en simple consumidores y donde cualquier manifestación artística se ejecuta y factura atendiendo a criterios puramente industriales, la existencia de un cineasta como Aki Kaurismäki es un aire de esperanza.

Lo es, en primer lugar, por su compromiso con el arte. Se trata de un director singular que, sin sellar ningún tipo de renuncia ni claudicación, ha logrado imponerse apelando a un universo creativo propio con unos signos identitarios perfectamente asumibles por parte del espectador y que no son sino una proyección personal de aquellos elementos de pureza que atesoraba el cine en sus orígenes (en Kaurismäki están presentes las huellas de Keaton y de Chaplin, pero también de Murnau, de Clair, de Renoir, de Buñuel así como de maestros de la edad de oro de Hollywood como Hawks, Ford, Preston Sturges o Raoul Walsh).

Pero también resulta esperanzador su cine porque lejos de ser una revisión permanente de influencias externas con ánimos recicladores éstas son reinterpretadas desde un compromiso con el aquí y el ahora, dando voz a aquellos que no la tienen, a los parias, a las clases populares siempre golpeadas, siempre a la deriva… Lo bueno es que lejos de facturar, en este sentido, un cine doctrinario, maniqueo, caracterizado por el dirigismo ideológico, a Aki Kaurismäki le gusta nadar a contracorriente a la hora de hacer poesía del desarraigo. Sus películas son demoledoras, pero también tiernas, entrañables, luminosas como lo era en la adversidad el gesto de su admirado Keaton.

Por eso, si en medio de un escenario de bonanza como el que caracterizó la Europa de hace unos años, el director finlandés fue capaz de perpetrar una obra tan demoledora y pesimista como Luces del atardecer, ahora en un escenario que es el opuesto, con una crisis que saca a relucir lo peor de cada ser humano, Kaurismäki elabora una película como Le Havre: El puerto de la esperanza. Aquí se reivindican la fraternidad y la concordia como valores universales y necesarios en la convivencia y como herramientas de primera magnitud de cara a afrontar una recesión que no es sólo económica sino que alumbra, por desgracia, una acuciante pérdida de valores, puestos en cuestión por un exceso de mezquindad, de individualismo, de egoísmo.

Frente a todo eso se rebela de manera alegre el protagonista de esta película, Daniel Marx (no se podía apellidar de otra forma) un viejo bolero que vive despreocupado con el dinero justo (lo que le sobra se lo gasta en un par de vinos y en regalar algunas flores a su mujer) y al que la mirada de un niño subsahariano buscado por la policía tras haber escapado de una redada de indocumentados, le basta para actuar de acuerdo a la lógica de quien asume que la ley y la justicia no son la misma cosa.

Un filme excepcional que además nos devuelve la confianza en el ser humano (nada nuevo viniendo de Aki Kaurismäki)››.

(Crítica de Jaime Iglesias en https://www.cinepremiere.com.mx/review-cine-le-havre-el-puerto-de-la-esperanza.html)





Musicoterapia (sec.)



Radical Face:


Doorways




Secrets




domingo, 25 de marzo de 2018

Taller de Autoestima







Algunas consideraciones sobre la autoestima



 Luis Rojas Marcos, nació en Sevilla en 1943. En 1968 emigró a Nueva York, donde reside desde entonces, y se dedica a la psiquiatría, la investigación y la salud pública. 





«La cantidad y calidad de nuestra autoestima es algo esencialmente íntimo, personal y subjetivo.
La intimidad de la autoestima se refleja en el hecho de que la gran mayoría de los hombres y las mujeres, mayores y pequeños, prefieren mantener la consideración y el aprecio o rechazo de sí mismos en privado, cuando no en secreto. Cómo se valoran es un tema del que no suelen hablar, sobre todo si la valoración es razonablemente positiva y se gustan. 
La autoestima es algo personal en el sentido de que cada uno construye el concepto de su «yo» con distintos ingredientes. Recuerdo que hace unos meses estaba cenando en casa de unos buenos amigos y surgió en la conversación el tema de la autoestima. Aproveché la ocasión para preguntarle a su simpática y habladora hija Anya, de doce años, que nos acompañaba: «¿A ver, Anya: del cero al diez, en cuánto te valoras a ti misma?». La pequeña se concentró unos segundos y me respondió sin vacilar: «Un nueve». «¿Y por qué un número tan alto?», insistí. A lo que ella me respondió con una expresiva sonrisa y los ojos bien abiertos: «Mira, Luis, tengo unos padres que me quieren, voy a un colegio estupendo, soy bastante lista y cuando estudio saco buenas notas». Después de una pausa, añadió: «¡Ah!, y estoy viva». La verdad es que me sorprendió la facilidad con la que Anya identificó los ingredientes de su fórmula de la autoestima. Días después le hice una pregunta similar a Jennifer, una niña de la misma edad, hija de otros amigos: «¿Para ti y tus compañeras de colegio, qué cosas son las más importantes a la hora de sentiros bien con vosotras mismas?». Su respuesta fue inmediata: «Ser guapa, tener éxito entre las chicas y los chicos».
Al ser un fenómeno tan íntimo y personal, el estudio de la autoestima casi siempre está impregnado de subjetividad. La verdad es que todos enjuiciamos y explicamos nuestro mundo y el mundo de los demás a nuestra manera o, como asegura el viejo refrán, «cada cual cuenta la feria según le va en ella». Nuestras experiencias pasadas, nuestros valores y nuestras expectativas moldean nuestras opiniones, especialmente sobre ideas abstractas o temas tan emocionalmente cercanos e importantes para nosotros como la propia valoración de lo que somos.

Gracias a la facultad de poder distanciarnos mentalmente de nosotros mismos y actuar simultáneamente de protagonistas y de espectadores, podemos estudiarnos y conocernos mejor.
La mayoría de la gente capta en algún momento la utilidad de observarse razonablemente a sí mismas y de conocerse lo suficiente. Se dan cuenta de los beneficios y las ventajas que aporta saber cuáles son los sentimientos y conductas que les hacen sufrir y los que les hacen sentirse dichosas. Es de sentido común que cuanto más sepamos de nosotros mismos más fácil nos resultará identificar correctamente los talentos naturales o rasgos de nuestra personalidad que nos conviene cultivar y practicar, y las peculiaridades que debemos minimizar o eliminar. El conocimiento de cómo somos nos aporta una visión realista de nuestras aptitudes y defectos, y aumenta las probabilidades de acertar en las relaciones con los demás y en las ocupaciones. Todos necesitamos encontrar y aprender a utilizar nuestras herramientas naturales físicas, psicológicas y sociales para poder adaptarnos a los cambios, superar las adversidades, y forjar y dirigir razonablemente nuestro programa de vida.

Hasta hace poco más de un siglo no se concedía gran importancia a los vínculos afectivos entre padres e hijos. Después de todo, la niñez era considerada una etapa breve de la vida, regulada por fuerzas puramente físicas. Un reflejo de esta visión materialista de los pequeños era el hecho de que en todas las sociedades estaba permitido abandonar a los hijos indeseados. Los niños carecían de derechos. Eran propiedades, objetos útiles que contribuían a la estabilidad del hogar trabajando desde los siete u ocho años. A principios del siglo XX la percepción de los lazos entre progenitores y sus descendientes pequeños cambió, gracias al interés de algunos científicos en investigar los procesos mentales que rigen el desarrollo saludable de los seres humanos.
Hoy sabemos que el sano crecimiento de los niños requiere como mínimo la satisfacción continuada de tres necesidades esenciales: seguridad, afecto y estímulo apropiado a su edad.
Los pequeños necesitan sentirse seguros y confiar en que van a comer cuando tienen hambre, a descansar cuando están cansados, a estar confortables y a ser protegidos de las inclemencias del ambiente o de las agresiones externas. Además, necesitan crecer en un ambiente cargado de afecto y calor humanos. Asimismo, requieren poder intercambiar con otras personas estímulos sensoriales y percibir sensaciones apropiadas para su edad, a través de sus cinco sentidos. 
En la actualidad nadie duda de que la conexión afectiva con otras personas moldea de forma determinante el concepto de sí mismos que, a medida que crecen, han de desarrollar los niños.
Las criaturas progresan más cuando están rodeadas de personas responsables y cariñosas que, además, les demuestran y expresan claramente sus sentimientos de aprecio y aceptación con gestos y palabras sencillas que acaparan su atención. Está demostrado que hablar a los bebés durante los primeros doce meses tiene un efecto muy positivo a largo plazo en su aptitud para entender sus emociones y explicar las situaciones que les afectan. De hecho, cuantas más palabras pronunciadas en tono afirmativo por un adulto cariñoso e interesado escuche el bebé, mejor desarrollará el pequeño sus capacidades de razonar y de relacionarse con los demás.
A los pocos meses, los pequeños conectan emocionalmente con sus cuidadores, tratan de complacerles y se inquietan si perciben en ellos impaciencia, dolor o enfado.
Paso a paso los niños perciben y catalogan los rasgos básicos de su personalidad: si son miedosos, alegres, tímidos, activos o valientes. Aunque la falta de vocabulario no interfiere con la percepción de los aspectos fundamentales del propio carácter, en general los pequeños usan adjetivos que han aprendido de las personas de su alrededor. Por esta razón, es importante evitar darles mensajes confusos o incongruentes. Por ejemplo, la madre que grita al pequeño, o incluso le da un suave azote por haberse orinado encima, mientras le dice: «Te pego porque te quiero», o le compra caramelos diariamente y al mismo tiempo le riñe cuando el niño se los pide.
A partir de los dieciocho meses comienzan a florecer en los niños la capacidad para distinguir sus habilidades de sus limitaciones y la aptitud para comportarse como seres sociales, comunicarse, relacionarse y hacer a otros partícipes de su mundo. Hacia los cuatro años los pequeños ya refuerzan su identidad con expresiones como «yo mismo» o «mí mismo», y captan que pueden ser objeto de sus propias acciones, como «vestirse» o «peinarse». Adquieren habilidad para construir una narrativa particular de sí mismos. También pueden codificar los recuerdos personales importantes que formarán las semillas de su autobiografía.
Entre los siete y los ocho años los niños notan e identifican los conflictos o tensiones que a menudo se producen entre sus deseos y sus comportamientos, o entre lo que les gustaría hacer y lo que piensan que deberían hacer. Por ejemplo, sienten un fuerte impulso para satisfacer un capricho inmediato, pero deciden controlarse, con el fin de conseguir una recompensa o reconocimiento posterior; o rompen el principio de la verdad y optan por decir una mentira, con el fin de evitar un castigo o un disgusto. No mucho más tarde comienzan a percatarse de que existen actos reflexivos mentales como dominarse, criticarse o autoengañarse.

La calidad de los cuidados y atenciones que durante la infancia establecen los progenitores con sus hijos tiene un impacto capital en el concepto que los niños forjan de sí mismos. En general, los padres que son cariñosos, que apoyan a los pequeños, que los escuchan y los respetan, que al mismo tiempo los guían y establecen normas de conducta y objetivos claros, razonables y alcanzables, tienden a imbuir en los niños una opinión favorable de sí mismos y a alimentar en ellos la confianza, el sentido de competencia, la responsabilidad y la predisposición a enfrentarse con retos nuevos. El trato opuesto alimenta la inseguridad, la culpabilidad y el sentimiento de inferioridad, además de reforzar el círculo vicioso de «no soy bueno, voy a fracasar; por lo tanto, ¿para qué intentarlo?».
Es un hecho irrefutable que un entorno familiar entrañable, protector y estimulante facilita en todas las criaturas la formación de una representación mental saludable de sí mismas, la sensación gratificante de pertenencia a un grupo y la empatía, esa excelente aptitud para ponerse con afecto y comprensión en las circunstancias ajenas. Por el contrario, condiciones nocivas de aborrecimiento, incertidumbre y abandono tienden a fomentar en los menores la suspicacia hacia los otros, el pesimismo, el aislamiento afectivo y, en definitiva, la infelicidad. Estos desafortunados pequeños se sienten indeseados e indefensos en un mundo que perciben cargado de rechazo y hostilidad. Los ambientes familiares perniciosos alteran la capacidad de los niños para desarrollar los sentimientos y conductas que ayudan a configurar una imagen positiva de sí mismos. El conocido psicólogo Erik H. Erikson (1902-1994) describió un interesante ciclo de la vida con fases consecutivas, durante las cuales adquirimos los atributos fundamentales que nos ayudan a sentirnos satisfechos con nosotros mismos: confianza, autonomía, iniciativa, intimidad, productividad e identidad. Según Erikson, las experiencias dañinas de la infancia y la adolescencia nutren las raíces de la desconfianza, la desidia, la confusión de identidad y la desesperanza.
La posibilidad de forjar una idea favorable de sí mismos es inevitablemente sombría para los niños atrapados en hogares inestables o violentos. Las experiencias de abusos continuados socavan en las criaturas los principios que dan sentido a la vida, minan la confianza, erosionan su capacidad de adaptación y destruyen el sentimiento de conexión con el mundo circundante. Los pequeños maltratados se enfrentan con retos durísimos: deben sobrevivir a un ambiente impregnado de crueldad y, simultáneamente, tienen que encontrar la forma de convivir con sus verdugos. Buscan temerosos un mínimo de seguridad y tratan de mantener el dominio de sí mismos en situaciones de total indefensión. Incapaces de protegerse o de eludir a sus explotadores, se someten, se desconectan del mundo y se distancian de la realidad hasta perder el sentido de quiénes son. Lo que es peor, la mayoría de estos niños y niñas terminan por culpabilizarse a sí mismos, convencidos de que la causa de su precaria situación es su propia maldad innata.
Son innumerables las investigaciones que demuestran el decisivo impacto de las experiencias traumáticas durante la infancia en el desarrollo del cerebro y, más tarde, su incidencia en trastornos emocionales crónicos como la ansiedad, los ataques de pánico, las adicciones, la depresión y hasta el suicidio.
En mi opinión, y no me canso de repetirlo, el derecho de nacimiento de todas las criaturas implica el crecimiento libre de abusos y crueldades. A la hora de fomentar en los niños un concepto sano y positivo de sí mismos, no hay nada más eficaz que lograr la convicción en la sociedad de que lo más importante es proteger su espíritu y su dignidad, y satisfacer su necesidad de amor. El amor satisfecho fomenta la confianza, la bondad, la competencia, la capacidad para ser felices, y la autoestima saludable.

La conexión entre relaciones y autoestima es de doble dirección. Casi todas las personas que gozan de la capacidad para forjar y mantener buenas relaciones consideran que estos vínculos afectivos constituyen un componente fundamental del concepto de sí mismas y suman puntos a su autovaloración. Al mismo tiempo, las personas con una autoestima saludable suelen conectarse mejor y desarrollar buenas relaciones con los demás y se sienten más seguras y confiadas en situaciones de intimidad que quienes se infravaloran o que aquellas cuyas altas autovaloraciones están basadas en cualidades narcisistas de dominio y de poder sobre los demás.

Muchas personas son conscientes de que las relaciones gratificantes protegen su autoestima en momentos bajos o de gran vulnerabilidad. Está de sobra demostrado que desde la infancia hasta el último día de la vida las buenas relaciones afectivas constituyen el mejor antídoto contra las consecuencias nocivas de cualquier amenaza contra la propia identidad. La cohesión familiar, el amor de pareja, el espíritu fraternal y el «idealismo solidario» son factores protectores del «yo». La unión con nuestros compañeros de vida constituye un remedio eficacísimo contra todo tipo de adversidad, sea un fracaso personal, una grave enfermedad, la pérdida de un ser querido, un desastre natural, un percance imprevisto o una agresión cruel, física o mental. Los individuos que se sienten genuinamente vinculados a otros seres cercanos superan los retos y escollos que les plantea la vida mejor y más rápidamente que quienes no cuentan con el soporte emocional de algún semejante.

Ala hora de averiguar si una persona es dichosa, no nos ayuda saber si es hombre o mujer, casada o soltera, viuda o divorciada, si vive holgadamente o pasa apuros, ni si es físicamente atractiva o de apariencia corriente. Tampoco nos ayuda conocer si es muy inteligente o de intelecto ordinario, si es nativa o inmigrante, si tiene quince o setenta años, o si es abogado o fontanero. La mejor pista para acertar es saber en qué medida goza de una alta, saludable y constructiva autovaloración de sí misma.

La relación entre la dicha y la autoestima es una relación de compañía en la que la felicidad siempre va de la mano de la autoestima saludable, pero la buena autoestima también puede acompañar a personas que no son felices por causa de desgracias imponderables.
Con todo, lo normal es que una autoestima favorable, basada en el sentido de control sobre la propia vida y la capacidad para adaptarse a los cambios y superar los reveses, suponga una cuasigarantía de felicidad para cualquiera. Por todo esto, entender las claves de la autoestima, su construcción, sus ingredientes y su papel en nuestra satisfacción con la vida en general es una inversión muy segura y muy rentable. A fin de cuentas, ¿hay algo más determinante en nuestra vida que cómo nos sentimos con nosotros mismos?».

(Fragmentos de La autoestima. Nuestra fuerza secreta, de Luis Rojas Marcos)

Rojas Marcos, en 1992 fue nombrado jefe de los Servicios de Salud Mental, Alcoholismo y Drogodependencias del municipio neoyorquino. Desde 1995 hasta 2002 dirigió el Sistema de Sanidad y Hospitales Públicos de Nueva York y miembro de la Academia de Medicina de esta ciudad.
Es Doctor Honoris Causa por las universidades de Ramón Llull (2013), del País Vasco (2014) y de Burgos (2015). Miembro de honor de la Sociedad Española de Psiquiatría, Rojas Marcos es Académico de Honor de la Real Academia de Medicina de Sevilla (2011).
En 2013, Rojas Marcos recibió el Premio Gabarrón Internacional de Ciencia e Investigación “por sus investigaciones durante cuatro décadas en el campo de la Psiquiatría y sus contribuciones a la ciencia y a la sociedad”. En 2016 la Fundación MAPFRE le concedió el Premio a la Mejor Iniciativa en Promoción de la Salud por el programa “Abandonados en las calles de la ciudad: Proyecto Ayuda.”
En la actualidad, Rojas Marcos compagina su labor académica como profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York con la gestión, como director ejecutivo, de Médicos Afiliados de Nueva York (PAGNY), la organización sin ánimo de lucro compuesta de 3.500 médicos y profesionales de la salud que prestan sus servicios en seis hospitales públicos y en las diez cárceles de la ciudad.
Entre sus obras destacan La pareja rota, Las semillas de la violencia (Premio Espasa Ensayo), La fuerza del optimismo, La Autoestima y Todo lo que he aprendido.

Thomas d’Ansembourg y la Comunicación No Violenta (CNV)


 Thomas d’Ansembourg, psicoterapeuta especializado en comunicación no violenta, es uno de los mayores divulgadores de esta forma de comunicación que permite la resolución de conflictos y el autoconocimiento. Es autor de diversos best sellersDel yo al nosotros y Deja de ser amable y sé auténtico, de la cual se han vendido más de un millón de ejemplares en Francia.






Cómo educarnos en el arte del encuentro

«Su libro La paz se aprende escrito junto a su amigo David van Reybrouck tras los brutales atentados de Bélgica y de la sala Bataclán es una poderosa herramienta para crear una nueva sociedad alejada de la violencia.

¿Por qué centró todo su trabajo en la violencia dentro de la comunicación?

Un encuentro con Marshall Rosenberg, creador de la Comunicación no violenta y mediador en numerosos conflictos internacionales, revolucionó mi vida por completo. Me emocionó profundamente solo con decir: “Les invito a atravesar la distancia más grande que un hombre jamás podrá recorrer: la distancia que existe entre su cabeza y su corazón”. En ese momento yo viajaba mucho y nunca paraba. Trabajaba como abogado, atendía a jóvenes con problemas en la calle y mil actividades más… Pero no era feliz. Mis parejas me dejaban porque siempre quería tener razón y no paraba de correr de un sitio a otro. Después de conocerlo dejé la abogacía y me convertí en psicoterapeuta y divulgador de la Comunicación no violenta.

¿Y después llegó este libro?

Escribir este libro era nuestra obligación. Es un mensaje a los dirigentes y a ciudadanos del mundo, un compromiso con la paz, que será posible si instauramos nuevas prácticas de higiene psicoespiritual, al igual que años atrás se impusieron hábitos de higiene diaria cuando nadie se cepillaba los dientes cada día. La paz se aprende, sólo requiere formación. Y un ciudadano en paz es un ciudadano pacificador.

¿Y cómo se encuentra esta paz interior que, según usted, es la base de la paz exterior?

Requiere realizar un ejercicio diario de autoempatía y de autocuestionamiento. El corazón no se cierra por casualidad.
Son el miedo, la fatiga, la tristeza, la ira y el estar harto los que nos llevan al conflicto.
Por eso, hay que observarse cada día atentamente para determinar por qué tengo miedo a los demás, porque no los escucho y saber qué es lo que bloquea mi acercamiento a los otros. De hecho, nuestro impulso primigenio es el de ir hacia los otros porque es lo que más alegría de vivir nos proporciona.

¿Cómo podemos hacerlo?

Uno debe preguntarse cada día: “¿Cómo estás?”. Esta pregunta nos conecta con uno mismo y con el presente. La comunicación no violenta propone escuchar primero aquellos sentimientos agradables que están en mí como la alegría, la confianza, la ternura resultado de aquellas necesidades que son satisfechas. Frecuentar estas partes positivas de uno mismo nos da una pista de aquello que me nutre. Me sirve de brújula para saber hacia dónde necesito ir.

¿Y con esto es suficiente?

No, claro. Paralelamente, debo atender aquellos sentimientos desagradables que me permiten darme cuenta de cuáles son las necesidades profundas que no estoy atendiendo y me llevan al malestar. Así podré ocuparme de satisfacerlas antes de que se acumule la negatividad y llegue alguien o algo que haga que el vaso se desborde y estalle.

Y eso nos pasa muy a menudo...

Debemos responsabilizarnos de estos estallidos que, en realidad, no los causa el exterior, sino el hecho de no ocuparme de mí. En esto consiste la higiene psicoespiritual a la que me refería para poder crear unos vínculos de calidad con los que nos rodean.

¿Cómo podemos vencer la tendencia de huir de nosotros mismos?

La práctica del mindfulness puede ser un elemento de ayuda para entrar en contacto con uno mismo y crear un estado de paz interior que inspire y regenere. Pero en el mindfulness no se utilizan las palabras, se busca más bien entrar en un estado de no pensamiento. En contraste, la comunicación no violenta propone poner palabras a lo que sentimos para gestionar mejor la satisfacción de nuestras necesidades, expresándolas a nosotros mismos y a los demás para ocuparnos de satisfacerlas.

Poner palabras nos ayuda a darnos cuenta…

Nos lleva a la transformación y a la acción gracias a la toma de conciencia y expresión de lo que sentimos y necesitamos. Cuando me doy cuenta de que estoy enfadado porque siento necesidad de reconocimiento, puedo esperar mil años a que se me reconozca; o bien responsabilizarme de ello e ir a la puerta de mi jefe para explicarle lo que me ocurre. Si estoy triste porque mi mujer no me escucha, puedo esperar a que cambie por arte de magia; o bien expresarle que necesito sentirme comprendido. Y todas estas transformaciones pasan por la palabra.

¿Y así también conseguimos más paz?

Si quieres paz en tu vida, transforma el conflicto en encuentro. Se trata de una disciplina que se aprende. La paz interior requiere compromiso. Es un proceso.

¿Cuál su experiencia personal en este sentido?

Trabajando como abogado corría siempre de un lado a otro. Estaba agotado, pero nunca encontraba un momento para sentarme, así que mis relaciones amorosas iban de mal en peor. Nadie tenía ganas de quedarse al lado de alguien tan huidizo. Me di cuenta de que, si quería una relación de pareja estable, debía modificar mi manera de funcionar y fui a terapia. Allí comprendí que, en realidad, lo que hacía era huir de mí mismo por miedo. Esto me llevó a entrar en un proceso terapéutico que a su vez despertó mis deseos de convertirme en terapeuta.

¿Qué cambió? ¿Qué fue lo que hizo clic?

Aprendí a salir de los automatismos y trampas que me creaba para no sentirme. Encontré el placer de seguir mi ritmo, mucho más lento del que me imponía, de abrazar mis talentos y mi creatividad. Soy un buen ejemplo de los beneficios pacificadores que se derivan del hecho de escucharse. La comunicación no violenta debería enseñarse en las escuelas para que, desde pequeños, todos sepamos lo que somos y no nos desconectemos de nuestra natural alegría interior.

Seguro que tiene muchos beneficios...

Conocerse profundamente nos hace ser ciudadanos más creativos y solidarios. Los atentados de Bruselas y París ponen de manifiesto nuestros errores educativos: estos jóvenes terroristas habían sido educados en nuestras escuelas. Y la pregunta es: ¿cómo aprenden nuestros jóvenes a gestionar su frustración y necesidad de pertenencia? ¿Qué hacen la sociedad para acoger sus necesidades? Es urgente recrear una nueva manera de vincularnos a los demás.

¿Denuncia que no somos capaces de crear una comunidad y fomentamos un individualismo exacerbado?

Efectivamente. Entre todos hemos creado sociedades hiperindividualistas en las cuales los jóvenes se sienten tan perdidos que sienten que no tienen nada que perder si mueren. Es lo que nos dicen al inmolarse con una bomba a sus espaldas: la vida no tiene sentido para ellos. Así de profunda es su sensación de vacío y hartazgo.

¿Y cómo ayudaría la comunicación no violenta?

Detrás de cada acto violento, detrás de cada conflicto, siempre hay una necesidad no expresada. Sin embargo, es raro que los implicados expresen directamente aquello que requieren. Lo más frecuente es que se critiquen el uno a al otro. Hay falta de expresión y falta de escucha. La comunicación no violenta te enseña a expresar de manera clara aquello que deseas y también a discernir lo que el otro necesita más allá de lo que dice. Te enseña a desarrollar la empatía.

La mayor parte de los conflictos son fruto de un malentendido en la comunicación propiciado por una combinación de expresiones deficientes y escuchas torpes.

Pongamos algunos ejemplos.

Cuando una madre ve a su hijo patalear y le dice: “Si pataleas, te vas a tu habitación”. Esto rompe el vínculo. Las dos personas quedan alejadas la una de la otra. En cambio, puede intentar entender comprender qué ha llevado al niño a patalear, preguntándole: “¿Qué te pasa, estás triste? ¿Ha ido mal la escuela y por eso estás rabioso?”. Esto acerca y permite descodificar lo que esconde la conducta. Un niño alegre y relajado no patalea.

Tenemos más ganas de tener razón que de escuchar.

Esta es la gran clave… Marshall Rosenberg decía:

“En la vida hay que hacer una elección fundamental: ser feliz o tener razón”.

Yo, como abogado, era de los que siempre quería tener razón y exportaba este funcionamiento a mi vida privada. Me di cuenta de lo equivocado que estaba. Porque cuando una persona quiere tener siempre razón, en realidad, es una persona frágil con poca confianza que busca la aprobación del otro.
No sabemos escuchar: damos consejos, soluciones, decimos al otro lo que tiene que hacer, pero somos incapaces de escuchar, que significa cerrar la boca.

Muchos padres creen que están escuchando a sus hijos cuando les están bombardeando con sus consejos. Escuchar es dejar que el otro se exprese con libertad, aguantando la incomodidad que pueda suponer por lo que nos reprocha o critica. Se trata de escuchar lo que nos quiere hacer entender sobre los efectos de nuestra manera de comportarnos. La comunicación no violenta es un signo de fortaleza y de autoconocimiento. Pero en lugar de hacer el esfuerzo de atender al otro, reaccionamos, saltamos enseguida poniéndonos a la defensiva, lo que rompe el vínculo. Cuando doy formaciones en las empresas de comunicación no violenta, los managers me dicen: “Nos has enseñado a escuchar. No sabíamos”.

¿Y esta escucha pasa más por el corazón que por el cerebro?

Pasa por abrir el corazón y también por el autoconocimiento. Si yo no he atendido mi rabia, no podré atender la del otro. Si no he escuchado mi tristeza, no podré acompañar la de los demás. Me desbordará y abrumará, nublándose mi capacidad de escucha. En el mejor de los casos trataré de consolar o de sacar a la persona de ahí invitándola a una cerveza... O buscaré una solución. Se teme aquello que no se conoce, de ahí la necesidad de una educación emocional. Habría que educar en el arte del encuentro.

Escribe que el agradecimiento es otra de las bases del bienestar.

Numerosos estudios neurocientíficos muestran los beneficios físicos y psicológicos que se derivan de dedicar unos momentos cada día a agradecer lo que la vida nos regala. Las personas que lo hacen gozan de mejor salud, se recuperan antes de una enfermedad y no sufren accidentes cardiovasculares. Son también más felices y tolerantes. Si varias veces al día, me alegro de estar vivo, cuando tengo un roce con alguien, busco la manera de reencontrarme con ese estado de amor por la vida que me conecta con el placer de vivir.


La gratitud es como plantar una semilla: tienes que esperar a que crezca la flor, no verás enseguida sus efectos.

En cambio, si me paso el día quejándome, sin atreverme a transformar nada, en uno de estos roces puedo acabar rompiendo la cara al otro. Cuando he aprendido a gestionar mis emociones y alcanzo mi paz, puedo pasar del yo al nosotros para crear una comunidad.

¿Y cómo encajar las diferencias?

Se trata de que cada uno aporte su color, su talento. Es como una orquesta: cada uno toca un instrumento y la idea es tocar con él y no contra él conociendo cada uno como es su instrumento. Es así como la música se vuelve armoniosa. No se puede hacer un nosotros feliz, fértil y solidario sin que cada uno se conozca bien.

Seguro que conoce muchas historias que lo ilustran.

Un día un joven me llamó desde Holanda. Era uno de los chicos de la calle de quienes me ocupaba, pero le había perdido la pista: “Thomas, tengo un revolver en la mano y me voy a disparar. No puedo más”. Era un chico muy violento. Y, ¿qué podía hacer yo desde el teléfono y a más de dos horas de distancia? Decir a alguien que está a punto de volarse la cabeza, no te preocupes, pasará, creará entre ambos un foso insalvable. Así que opté por la empatía. “Entiendo que estás al final del túnel y no crees que haya una salida. Estás a punto de matarte porque estás harto. Nada tiene sentido en tu vida y piensas que la única solución es dispararte un tiro en la cabeza para desaparecer”. Él, que estaba completamente solo al borde del abismo, de repente, sintió que alguien le entendía. Había alguien al otro lado. Y, poco a poco, se fue calmando hasta decirme: “Me sienta bien hablar contigo. Me doy cuenta que me pongo nervioso muy rápidamente y que me he pasado. Tendré que hablar más contigo.”

Un buen ejemplo de empatía.

Esta es la fuerza de la empatía: nombrar aquello que le pasa al otro demostrando que lo entiendo sin intentar resolver el problema. Otro ejemplo: la directora de una guardería me explicaba lo bien que le había ido aplicar la comunicación no violenta. Una niña muy pequeña llegó y lloraba porque no quería separarse de su madre. Una de las profesoras le dijo: “No estés triste, aquí tenemos muchas cosas para jugar”. La niña lloraba igualmente y entonces la profesora la riñó: “No voy a hacerte más caso. Yo me voy a jugar con los demás”. Con ello no sólo no respetaba la tristeza de la niña, sino que la culpabilizaba por sentirla. La directora decidió ocuparse personalmente, se agachó para ponerse a la altura de los ojos de la niña y le dijo: “¿Estás triste?”. “Sí”, le contesta la niña. “¿Te hubiera gustado quedarte con tu mamá?”. “Sí”, sigue la niña. “Lo entiendo”. “¿Te gustaría ahora venir a jugar conmigo?”. “Vale”, aceptó la niña. No se trata de magia. Se trata de que la empatía crea un nosotros.

En lugar de relaciones basadas en la imposición de poder…

Exacto. Desde hace siglos, estamos inmersos en relaciones de dominación-sumisión, de agresión-sumisión, de manipulación-seducción. Son relaciones de tensión basadas en la desconfianza. Pero entre los seres humanos se pueden construir relaciones basadas en la confianza y la expansión, buscando el bienestar común y las sinergias. Sólo hay que reprogramar el sistema operativo para eliminar la enorme cantidad de violencia sutil que ejercemos tanto sobre nosotros mismos como sobre los demás a base de culpabilizarnos y de deberías. La violencia más extendida es la de cuello blanco. La neurociencia confirma que los niños son empáticos por naturaleza y es nuestra educación la aleja este impulso natural de acercamiento a los demás.

¿La comunicación no violenta también mejora las relaciones de pareja?

En la pareja suele haber un roce de egos y, si dejo que solo mi ego actúe, entonces el conflicto explotará. Por eso es importante utilizar las tensiones para descubrir quién soy yo a nivel más profundo. Muchas personas entran en la pareja con la expectativa de que el otro va a satisfacer todas sus necesidades y evidentemente así no funciona. Demasiada presión. Conviene que se produzca una apertura y aceptación que permita soltar el ego para que pueda crearse un encuentro entre dos seres auténticos más allá de los roces. Hay que aprender a hacer este camino.

Pero tenemos miedo...

El auténtico miedo es que, si me muestro auténtico, no me van a querer. Pero la autenticidad es lo que permite crear unas relaciones de calidad y con sentido en las que uno cuando dice sí, es que sí de verdad; y cuando uno dice no, es no verdadero…

Ir por la vida sin careta y decir lo que se siente con simplicidad facilita y aligera las relaciones.

Y una vez afrontado el conflicto, expresando cada cual lo que siente y lo que necesita, la relación se vuelve nutritiva. Puede que al principio, cuando empecemos a mostrarnos tal y como somos, algunas relaciones desaparezcan. Pero será como una limpieza, las que valen la pena permanecerán.

¿Qué papel juega la espiritualidad en la Comunicación no violenta?

Somos por naturaleza seres espirituales. Desde que soy un niño siento esta dimensión espiritual en la vida y que pertenecemos a un proyecto lleno de sentido y va mucho más allá de nosotros. Pienso que difundir el amor es el sentido profundo de la vida, aunque nos estemos desconectando de ello a fuerza de vivir en relaciones de desconfianza, de tensión y rechazo. Hemos olvidado que hay un nosotros que nos sostiene y va más allá de la forma y de la apariencia. Se puede practicar la comunicación no violenta sin esta dimensión espiritual y también tiene muchos beneficios, pero sin duda la espiritualidad estaba muy presente en su creador Marshall Rosenberg, un ser muy inspirado que medió con éxito en muchos conflictos internacionales fomentando la paz».


(Entrevista realizada por S. Díez a Thomas d'Ansembourg. 
Fuente: http://www.mentesana.es/entrevistas/la-paz-se-aprende-solo-necesitamos-formacion_1394)



jueves, 22 de febrero de 2018

Eneagrama. Psicología de la personalidad.


TALLER MARZO




  9 locuras de amor del eneagrama  es un libro de autoconocimiento que al mismo tiempo ofrece información y propuestas valiosas para las personas que quieran mejorar y profundizar en sus relaciones afectivas. Resume lo más esencial del sistema Eneagrama Relacional en su vertiente de trabajo con las relaciones amorosas. Su autor, Javier Muro, es formador y supervisor de terapeutas, terapeuta humanista especializado en Técnicas Corporales, Eneagrama y PNL. Miembro titular de a AETG (Asociación Española de Terapia Gestalt).

Se recogen a continuación algunos fragmentos tomados de este manual:

‹‹Cuando buscas convertir el vínculo amoroso en un vínculo estable y/o convivencia, es realmente cuando tienes la posibilidad de descubrir cómo estás siendo y empezar a trabajar para descubrir quién realmente eres.

Realmente, el amor es aquella posibilidad que queda de construir algo interesante y real después que desaparecen los efectos de la droga del enamoramiento. Si no te haces la víctima, tienes la posibilidad de descubrir al otro como realmente es, y de paso verte a ti mismo››.


Eneatipo 5

‹‹Con mucho, nos encontramos con el carácter más mental del eneagrama. Esto hace que sean personas con dificultades para atender a las emociones y los sentimientos.

La principal dificultad que tienen es que con facilidad se pueden poner muy fríos y, desde esta frialdad, dejarles de importar las otras personas. Les cuesta mucho compartir y expresar sus sentimientos ya que no conecta fácilmente con ellos y sólo lo hace puntualmente en situaciones de gran intimidad, especialmente cuando mantiene relaciones sexuales.

En apariencia, suelen mirar el mundo y las relaciones con desapego, aunque de fondo suelen estar muy interesados en tomar pareja. Cuando lo hacen suelen ser muy constantes y apegados; en ocasiones, incluso en exceso. De carácter austero, y muy avaro en el trato con los demás. Internamente, viven el contacto íntimo como peligroso y -al mismo tiempo- deseable, entrando en un bucle de dudas e indecisión que finalmente les bloquea.

Son bastante desconfiados con respecto a su propia emocionalidad y sentimientos, a los que dan poco crédito. Valoran las emociones y sentimientos de los otros de la misma manera que los suyos: como poco fiables y volátiles. Esta desconfianza no es más que miedo a ser manipulados por la pareja y a perder su independencia.

Les cuesta muchísimo entrar en acción ya que tienen la sensación, originada en la más tierna infancia, de incapacidad e inutilidad para la vida práctica. El 5 fácilmente se aísla del mundo y se convierte en un gran observador, dado que en la relación social o íntima no sabe dónde ponerse ni cómo. Familiarmente es muy ausente, aunque acaba quejándose de que los otros no lo miran y no le tienen en cuenta. Con facilidad la pareja y su trabajo acaban por convertirse en los únicos vínculos que mantiene con el resto del mundo, de ahí su gran temor a perderlos, especialmente a la pareja.

Siente en "diferido". Es muy posible que cuando esté contigo se bloquee y exprese poco, pero al rato que tú ya no estés, seguramente va a empezar a notar las emociones que se congelaron en tu presencia. La forma de conectar con los sentimientos más profundos hacia ti pasa por la sexualidad y la visceralidad.

Los 5 se sienten "atrapados" cuando descubren que alguien les importa mucho emocionalmente. Es muy importante que no se fuercen ni forzarlos a expresar con palabras lo que sienten, ya que son muy susceptibles a sentirse violados en su intimidad.

Aunque te sientas inútil o incapaz, la imagen que ofreces muchas veces a los demás puede ser de superioridad e indiferencia, y ésta no es la mejor manera de interaccionar con tu pareja. Puedes estar lanzando mensajes del tipo "no me molestes", mientras estás notando la necesidad de una mayor intimidad.

 La relación suele mejorar cuando se atreven a decir lo que realmente sienten, abrazan a su pareja y empiezan a evitar estar solos mucho rato››.


Eneatipo 8

‹‹Las personas con este eneatipo se sienten muy poderosas, pero desde la desmesura y a costa del otro. Creen que no está bien ser vulnerables, se acorazan mucho y no confía en nadie porque tienen mucho miedo a ser traicionados.

En apariencia, el eneatipo 8 puede tender a vivir muy al límite y conducirse de forma desafiante. Su tendencia es a estar enfadados con el mundo, es alguien que continuamente culpabiliza y se culpabiliza. Suelen ser personas muy viscerales y de acción, que tienden a ser atraídos por príncipes o princesitas a los que enjaular, o por personas muy dependientes a las que proteger, o buscan personas que tengan su mismo nivel de energía e intensidad.

Tienen una tendencia muy fuerte a confundir la justicia con sus propias versiones de la verdad, la que más le puede interesar, con lo que se siente con todo el derecho a tomarse la justicia por su mano. Vive las relaciones de tal forma que o estás con él al 100%, o eres su enemigo. De esta forma es muy fácil que viva las relaciones como un peligro del que hay que defenderse, viendo a unos pocos como amigos, a los que hay que defender.

Todo el rato va a estar intentando controlar, ya que siente un miedo enorme a ser controlado y a que le hagan daño.

Se va a convertir en un gran controlador de la vida del otro. En el fondo disfrutan mucho haciendo sentir con intensidad a su pareja, utilizando su dominio y fuerza de una forma manipulativa.

Si algo aprecian estas personas es que seas sincero y ellas lo son. También son muy territoriales. No va a querer que existan secretos entre los dos y si no es así, esta es de las cosas que más le van a hacer sentirse inseguro.

Entiende que la relación de pareja ha de ser a su manera, y que de otra forma no es posible. La relación con el 8 lleva implícita la confrontación, pues es la única forma que tienen de reconocer cuáles son sus límites; si les quieres ayudar no cedas en los tuyos.

No suelen permitir que les hagan daño, aunque a veces se sienten heridos por pequeñeces, sobre todo emocionales. No viven bien ni comprenden que el amor de los demás puede estar condicionado a su comportamiento.

La relación suele mejorar cuando se atreven a expresar sus sentimientos de ternura y a no aislarse. Y cuando empiezan a aceptar que no todo el mundo tiene su mismo nivel de energía, intentando adaptarse al ritmo de su pareja de forma franca››.


(Muro, Javier (2017): 9 locuras de amor del eneagrama. Ed. Paz Creativa. México).

 En el siguiente vídeo Borja Vilaseca explica brevemente en qué consiste, a grandes rasgos, el eneagrama y para qué resulta útil.