domingo, 19 de noviembre de 2017

Sobre padres e hijos. Constelaciones (configuraciones) familiares





Troche



  Padres que quieren a sus hijos, de Joan Garriga

 ‹‹“Hijo, tú eres mucho más importante para mí que tu papá”.
“Hija, tú eres mucho más valiosa en mi corazón que tu mamá”.
“Hijo/a no quieras a tu padre, desprécialo como yo y sobre todo no seas como él”.
“Hijo/a, no logro entender cómo pude querer a tu madre, pero sin duda tú me importas mucho, tú eres mejor que ella”.

Aunque no se digan abiertamente en las familias, éstas y otras frases parecidas a veces son verdades interiores para los padres y nutren la atmósfera familiar de dinámicas fatales en la tríada relacional más importante que vivimos a lo largo de la vida: la tríada padre, madre e hijo.

Conviene tener presente, en primer lugar, que los hijos no atienden tanto a lo que los padres dicen sino a lo que los padres sienten y hacen: los hijos se hacen sensibles a su verdad. Entre otras cosas, porque la verdad de nuestros sentimientos puede ser negada o camuflada pero no puede ser eliminada, y por tanto actúa y se manifiesta en nuestro cuerpo. Nos constituye.

Importa, por tanto, que trabajemos con nuestra verdad y la transformemos si es menester y genera sufrimiento en nosotros o en nuestros hijos. Es obvio que ayuda el abstenerse de expresiones hirientes para con el otro progenitor delante de nuestros hijos, por muy enojados o cargados de razones que estemos. No obstante es un logro todavía mayor el trabajar en uno mismo para restaurar el amor y el respeto, y darle el mejor lugar al otro progenitor frente a nuestros hijos, incluso cuando se trata de una pareja infeliz o de una separación dolorosa y turbulenta. Recordemos que los hijos no se separan de los padres. Para ellos, los padres siguen juntos como padres. Los padres se separan como pareja (vivan juntos o no), pero no es posible separarse como padres.

En segundo lugar, conviene tener conciencia de que las vivencias y posiciones que tomamos en esta tríada fundacional con nuestros padres determinarán grandes consecuencias, favorables o desfavorables, en nuestra vida y en que vislumbremos unos horizontes afectivos felices o desdichados. Es clave para el futuro de los hijos que estén bien insertados en el amor de sus padres y que éstos logren amarse, al menos como padres de sus hijos, ya que en la mayoría de casos algún día del pasado se eligieron y se quisieron como pareja. Y los hijos llegaron después como fruto y consecuencia de esa elección.

Quizás no esté diciendo nada que no se sepa y, sin embargo, estas ideas que son de sentido común sorprenden por lo poco comunes que resultan en la realidad. De hecho, escribo sobre el amor entre padres e hijos después de regresar muy conmovido de mi último taller de constelaciones familiares. Siempre es impactante para mí observar los devastadores efectos emocionales que causa la inobservancia de una regla fundamental: los padres están primero frente a los hijos, y son más importantes que ellos. Además, tiene una gran importancia amar en el hijo al otro progenitor.

Me sorprendo una y otra vez al ver como los padres se dirigen y se orientan a los hijos por encima del otro padre. Y esta actitud, que puede parecer razonable en ocasiones –la desdicha suele llegar vestida con ropajes argumentales impecables pero exentos de amor-, no ayuda al hijo. Ellos no necesitan ser los más importantes; al contrario, necesitan sentir que la pareja del padre o la madre es más importante, y que los padres están juntos como pareja dándose una recíproca primacía frente a los hijos. Cuando un hijo es más importante que nadie para uno de los padres, no se le hace un regalo, sino que se le da una carga y sacrificio; no es abono, sino sequedad disfrazada de encantamiento. Los hijos no necesitan sentirse especiales ni tienen que ser el todo para los padres. Eso es demasiado.

Es frecuente que aquello que a un padre le falta de su pareja, o de sus propios padres, o aquello que le faltó en su familia de origen, o aquel sueño que no pudo cumplir, lo lleve a su hijo. Y que éste, por amor, acepte el reto. Al precio, claro está, de su libertad y de la plena fuerza para seguir su propio camino a su propia manera. Los hijos necesitan sentirse libres para cumplir su cometido en la vida. Y les va mejor cuando tienen el apoyo de sus padres y sus anteriores, y cuando se encuentran en orden con ellos. En cambio, sufren cuando uno de los padres desprecia al otro o ambos se desprecian mutuamente. Si los padres se desprecian, el hijo encuentra dificultades para no despreciarse a sí mismo y no parecerse a la peor versión diseñada por el padre o la madre sobre el otro progenitor.

Pensemos en hijos que casi tuvieron la función de pareja invisible de uno de los padres, o que significaron el todo para la madre o el padre, o que sintieron la prohibición de amar a un padre que cometió algún tipo de violencia o traición con la madre o viceversa… Tristemente, en constelaciones familiares es habitual identificar dinámicas y resultados fatales como enfermedades, delincuencia, violencia, pasotismo, dificultades en la pareja y mucho sufrimiento emocional. Pues, en lo profundo, un hijo no puede prescindir de amar a ambos padres y no deja de hacer acrobacias emocionales para ser leal a ambos, incluso imitando su mal comportamiento, o su alcoholismo, o sus fracasos y desatinos, etc.

Éstas son frases que apuntan al bienestar y el regocijo en los hijos:
“Hijo, en ti sigo queriendo a tu padre/madre, en ti sigo viéndolo y respetándolo a él”.
“Hija tú eres el fruto de mi amor y mi historia con tu padre/madre y lo vivo como regalo y bendición”.
“Hijo, respeto lo que vives y como es con tu otro padre/madre”.
“Hija, yo solo soy el padre/madre, más es demasiado”.

¿Qué ayuda, pues? Que los hijos reciban uno de los mayores regalos posibles en su corazón: ser queridos tal como son y muy especialmente que en ellos se quiera a su otro progenitor, porque así se sienten completamente amados, ya que en fondo el hijo no deja de sentir que de alguna forma también es sus padres. Ambos››.


(Fuente: http://www.joangarriga.com/img/publicaciones/articulos/Padres_que_quieren_a_sus_hijos_Noviembre2011.pdf)



Fidel Delgado: El sentido del humor



  Esta charla va dirigida a profesionales de la salud, de la docencia y a cualquier persona que quiera tener más consciencia de sí misma y de cómo se relaciona con los demás. 

Fidel Delgado es psicólogo clínico y durante décadas ha acompañado a gente a morir en el hospital universitario La Paz, de Madrid; también da clases en la Escuela Universitaria de Enfermería y continúa formando profesorado para la red pública de salud. En sus conferencias se suele presentar como "titiripeuta" y a través de su brillante y perspicaz sentido del humor, con juguetes y juegos, nos explica magistralmente cuestiones muy serias y esenciales que nos atañen a todos. 













Cine y configuraciónes familiares






















‹‹En el cine, hay dos formas de incluir a los seres humanos. Una es mostrar seres humanos. Otra es la de crear una forma de cine que, en sí misma, tenga todas las cualidades del ser humano: ternura, observación, miedo, relajación, sensación de entrar en el mundo y de dar marcha atrás, expansión, contracción, cambio, ablandamiento, ternura de corazón. La primera es una forma de teatro y la última es una forma de poesía››.

‹‹Comencé a observar que había una concordancia entre el cine y el metabolismo humano, y que esta concordancia era un terreno fértil para la expresión, una base para explorar un lenguaje intrínseco al cine. De hecho, las propiedades físicas de la película me parecían tan compenetradas con nuestro metabolismo que comencé a pensar en el cine como una metáfora, como una maqueta directa e íntima de nuestro ser; una maqueta que tenía el potencial de transformar las cosas, de ser una evocación del espíritu y de convertirse en una forma de devoción››.

‹‹La devoción no es una idea ni un sentimiento. Nace de la vastedad y de la profundidad de nuestra visión. Desde la oscuridad, detrás de toda luz, esta vastedad permanece en el ahora. Revela nuestro mundo. [...] Cuando una película se manifiesta por completo puede servir como un espejo corrector que reajuste nuestras psiques y nos abra a la comprensión y la humildad. Cuanto más nos abramos a nosotros mismos y deseemos tocar las profundidades de nuestro propio ser, más estaremos participando en la devoción. Del mismo modo, cuanto más se expresa la película a sí misma de forma intrínseca a su propia naturaleza verdadera, más puede revelarnos››.

(Fragmentos de El cine de la devoción, de Nathaniel Dorsky).




lunes, 23 de octubre de 2017

"El tiempo no siempre cura las heridas"



‹‹Al estudiar sucesos históricos que afectaron a colectivos enteros —pueblos, naciones, grupos religiosos— surge inevitablemente la pregunta: ¿Cuándo y de qué manera dejan de marcar los grandes acontecimientos a un colectivo? ¿Cuándo se acaba la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil española?, ¿cuándo el Holocausto judío?

El verano de 2005 murió Albert Marshall, a la edad de 107 años. Fue el último superviviente de la campaña del Somme, en la que había participado como soldado durante la Primera Guerra Mundial. El 23 de diciembre de 2005 murió Harold Lawton, el último soldado inglés, a la edad de 106 años. De los más de 70 millones de hombres movilizados durante la Primera Guerra Mundial tal vez quede vivo un puñado. Todavía viven personas que se acuerdan de los horrores de esta guerra, que la vivieron en carne propia. Niños y adolescentes que perdieron a su padre o a otro familiar, o que sufrieron las batallas de cerca, o que casi murieron por la hambruna. Pero los últimos soldados se mueren, y con ellos sus recuerdos. Sólo ahora, con su muerte, acaba la guerra en un nivel más profundo. Una vez que muera el último testigo directo de esta guerra, alrededor del año 2020, ya sólo quedarán los ecos de los sucesos en las generaciones posteriores. Ecos que han marcado y siguen marcando a la segunda, tercera y cuarta generaciones.

¿Por qué se constela un sistema familiar de origen normalmente hasta la generación de los abuelos e incluso de los bisabuelos? ¿Qué hace que las generaciones anteriores parezcan más retiradas, descansando más profundamente en el reino de los muertos? Pienso que tiene que ver con los recuerdos directos de los vivos. Aunque mis abuelos y tal vez mis padres ya hayan muerto, ellos siguen vivos en mis recuerdos hasta el último día de mi vida. Cuando yo muera, "morirán" todavía más conmigo, se alejarán de sus descendientes vivos. Y con ellos los traumas colectivos de su generación. Así, sólo con la muerte del último bisnieto que todavía tenga recuerdos de su bisabuelo que luchó en la Primera Guerra Mundial, la guerra caerá en el olvido, sumergiéndose en el inconsciente de la humanidad, y sólo quedaran los libros de historia.

Se podrían distinguir varias etapas de este proceso. La primera etapa es el fin del suceso, que en el caso de la Primera Guerra Mundial ocurrió el 11 de noviembre de 1918. Después del fin del suceso, empieza una segunda etapa. El colectivo sufre las consecuencias directas y las secuelas de lo que pasó. Muchas veces se observa que entre los actores y testigos empieza un periodo en el que lo fundamental es mirar hacia delante y evitar los recuerdos dolorosos. Cuesta asumir las culpas y las responsabilidades. Hay tendencias a incluir en el recuento solamente a las víctimas propias, ignorando a las del otro bando. La segunda y tercera generaciones entran en escena y tienen que manejar las ausencias, traumas y carencias de sus padres, con todas las consecuencias que tan a menudo vemos en las Constelaciones familiares. Es un proceso de integración complejo y difícil. Sólo una vez que la primera generación está retirada de la vida pública y de los lugares de poder de la sociedad, jubilada o ya muerta, parecen posibles ciertos pasos. En España tuvieron que pasar 60 años hasta que se empezaran a desenterrar de muchas fosas comunes los restos de los republicanos fusilados en la Guerra Civil y así poder darles un lugar digno y visible en el cementerio, junto a sus familiares. En Alemania pasó más de medio siglo hasta que se pudo hablar y reconocer a las propias víctimas civiles de la Segunda Guerra Mundial, para devolverles su dignidad. Finalmente, la segunda etapa acaba con la muerte de sus últimos actores y testigos, después de aproximadamente un siglo.

Aunque los efectos de un  suceso histórico disminuyen en cada generación, sus ecos y resonancias continúan y pueden perdurar más tiempo.  Ello dependerá ya de la gravedad de los sucesos concretos en cada familia, de qué forma un miembro u otro estuvo involucrado en su momento. Sucesos realmente graves pueden mantenerse "vivos" en un sistema familiar durante seis, siete e incluso más generaciones. [...] En términos generales pienso que con la muerte de los familiares que guardan recuerdos de los actores y testigos se cierra esta tercera etapa››.

(Fragmento de Las constelaciones familiares. En resonancia con la vida, de Peter Bourquin)



 Cine y configuraciones familiares.

Pertenencia. Raíces. Identidad. Orfandad. Relación tía-sobrina. Pérdidas. Duelos. Religión. Adicciones. Dolor. Culpa. Dignidad. El sentimiento de culpa de los supervivientes. Guerra. Asesinatos. Víctimas y perpetradores. Lealtades invisibles. Resonancia sistémica. Expiación. Vocación, profesión y destino. Suicidio.








Ida. Drama, Polonia, 2013, 80 min. Dirección: Pawel Pawlikowski. Guion: P. P. y Rebecca Lenkiewicz. Fotografía: Lukasz Zal, Ryszard Lenczewski. Intérpretes: Agata Kulesza, Agata Trzebuchowska, Joanna Kulig, Dawid Ogrodnik, Jerzy Trela.

‹‹Resulta difícil detectar rastros de autoría en la filmografía del polaco afincado en Inglaterra Pawel Pawlikowski. Y es que poco se parece su primer largo estrenado entre nosotros, Last resort, a sus siguientes e inéditas My summer of love y La mujer del quinto, sendos ejercicios impresionistas y polanskianos que nada apuntan de lo que ofrece este cuarto, Ida, un sobrio y ascético relato en cuadros de plástica elocuencia casi muda y en blanco y negro sobre el periplo de una joven novicia y su tía, una severa y amargada juez, por las carreteras de la Polonia de los años sesenta en búsqueda de los restos de sus padres y hermano judíos, asesinados durante la Segunda Guerra Mundial.
En cualquier caso, bajo cualquier piel estilística, Pawlikoswki se muestra siempre bastante efectivo, directo y conciso, como si la simplicidad, la depuración y la economía de medios fueran las claves de una forma que se transfigura en la mirada y la distancia necesarias para cada relato.
El que aquí nos concita recupera la superficie, las atmósferas, los tonos y las texturas de cierto cine del Este de la época que recrea (de Wajda a Forman) para orquestar una pieza de cámara desde el plano fijo y el formato 1:1,33, recuperados aquí como organismos esenciales desde los que reivindicar el encuadre, una cierta abstracción y la relación entre los personajes, el espacio y el paisaje como motores para la narración. Una narración seca, elíptica, en progresión constante, por un lugar y un tiempo bajo los que no es difícil adivinar el devenir trágico de toda una nación, escindida entre el catolicismo, los ajustes de cuentas con los judíos durante el nazismo y la estricta y asfixiante oficialidad del régimen comunista que acoge, a duras penas, a nuestras dos mujeres en busca de respuestas o de una nueva identidad.

Ida se resuelve así satisfactoriamente sorteando el peligro del preciosismo esteticista, en el revelador gesto de dos estupendas actrices (Agata Kulesza y Agata Trzebuchowska), en su silencioso y elocuente discurso político entre cuadros bressonianos y dreyerianos y en una mirada fotográfica rigurosa y sólida como manera para la representación de un mundo que, final e inopinadamente, echa a andar después de estar clavado al trípode››.

(Crítica de Manuel J. Lombardo en:
http://www.diariodesevilla.es/cine/Volver-plano_0_793720649.html)










Musicoterapia (sec.)



Salut Salon: música, humor y creatividad.














Sobre Enfermedades Raras









lunes, 25 de septiembre de 2017

El Análisis Transaccional (I)





Eric Berne

  

Todos somos seres colectivos. 

Goethe


 «Desarrollada en Estados Unidos a mediados del siglo XX por el doctor Eric Berne y un pequeño grupo de psicólogos y terapeutas, el análisis transaccional presenta una teoría completa de la personalidad. Partiendo principalmente de los comportamientos observables en los hombres (actos, palabras, lenguaje corporal, etc.), Eric Berne creó una teoría complementaria a los enfoques psicológicos más tradicionales. En efecto, la principal diferencia del AT consiste en analizar nuestros comportamientos, nuestras actitudes, nuestras palabras y nuestras reacciones físicas y emocionales a través de una docena de modelos analíticos (por ejemplo: Estado del Yo, posición vital, juego, simbiosis, etc.).   

La Asociación Internacional de Análisis Transaccioanl (ITAA en sus siglas inglesas), Fundada en los Estados Unidos en 1965 por un núcleo de adeptos del AT, se coloca rápidamente en tercera posición entre las asociaciones americanas de psicólogos con más de 12000 socios. El AT se desarrolla, gana popularidad y se aplica con excelentes resultados. Su aplicación desborda rápidamente el campo de la psicología y se extiende al dominio de la asistencia social: prisiones, hospitales, escuelas, etc. Finalmente, el AT se aplica en el terreno empresarial, primero en los Estados Unidos y seguidamente en Japón. 

Después de la segunda Conferencia Europea de Análisis Transaccional, que tuvo lugar en los Países Bajos en 1976, vio la luz la Asociación Europea de Análisis Transaccional (EATA) y desde entonces organiza anualmente la Conferencia Europea de AT, que reúne a americanos y europeos para tratar los grandes temas de la AT. Los franceses crearon incluso su Instituto Francés de Análisis Transaccional (IFAC), que desde 1976 reúne a psicólogos, psiquiatras, terapeutas, sociólogos, consejeros, instructores, etc.


¿Cuál es su aplicación real en la vida cotidiana? ¿Y en la familia? 

La respuesta se encuentra quizá en el hecho de que el análisis transaccional es, en primer lugar, una herramienta de análisis. No defiende un estilo de comunicación por encima de otros, sino que propone más opciones. No da una solución prefabricada a una situación de bloqueo, sino que sugiere un abanico de posibles respuestas. No interpreta el comportamiento de un individuo, sino que deja que lo resuelva por sí mismo. Sobre todo, nunca juzga. Esta actitud es muy novedosa. El AT es una herramienta de resolución de conflictos que está a la disposición de individuos y organizaciones para que puedan descifrar y tratar sus propios problemas de la manera que ellos prefieran. La fuerza de AT consiste, pues, en que devuelve la responsabilidad de análisis y de resolución de problemas a quienes les pertenece en primer lugar. 
Para algunas personas, el AT es un sistema práctico que ayuda a tomar contacto con la realidad; para otras, es un modo de explorar y comprender situaciones de conflicto que sacarán a relucir los problemas más profundos. Puede resultar un medio eficaz para conocerse mejor o para mejorar su comunicación con los demás. 


Elegir el comportamiento: los estados del yo

El concepto de los Estados del Yo sienta las bases de esta teoría de la comunicación llamada Análisis Transaccional.

Este concepto se apoya principalmente en la división de la personalidad de un individuo en tres partes o tres estados: el Padre, el Adulto y el Niño.

Los Estados del Yo son sistemas de pensamiento, de emoción y de comportamiento conectados a las diferentes etapas de desarrollo de un individuo en el seno de un grupo, ya sea una familia o un clan.

El Estado Padre comprende los pensamientos, las emociones y los comportamientos que el individuo ha aprendido de fuentes de autoridad externas, principalmente de sus padres. Por ejemplo: “Hay que desconfiar de los extraños”. Así, mientras una persona está “en” su Padre, reproduce las actitudes y los comportamientos que ha tomado de las figuras parentales que le marcaron recientemente o en el pasado: profesor, padre, madre, tutor, etc.

El Estado del Yo Adulto no tiene nada que ver con la edad del individuo, sino que se refiere principalmente a la dimensión psicológica del individuo. Se orienta sobre la “realidad” objetiva: recoge, registra y utiliza informaciones de todas las procedencias, ya sean externas (del entorno) o internas (del Padre o del Niño). Se sirve de esas informaciones para enunciar hechos, calcular probabilidades, tomar decisiones, precisar sus objetivos, evaluar sus resultados. (“A esta velocidad, si todo va bien, llegaremos en 6 horas").

El Estado del Yo Niño está relacionado con el campo de los sentidos y comprende las necesidades, las sensaciones y las emociones que aparecen de manera natural en una persona. Por ejemplo: “Tengo calor”. También contiene los registros de las sensaciones y las emociones experimentados durante la infancia: “Después del accidente, me asusto cada vez que oigo neumáticos chirriando”».

En resumen

 «El análisis transaccional, pues, es una teoría de la personalidad y de las relaciones humanas. Prolongación del psicoanálisis, se interesa en la parte consciente y preconsciente de nuestra personalidad y nos ofrece un método concreto que nos permite comprender y cambiar lo que vivimos y sentimos en las relaciones con los demás.
Su técnica consiste en la observación de las vivencias inmediatas de la persona y de sus actitudes a la hora de relacionarse con los demás, describiéndolas de manera muy simple y comprensible con el fin de realizar, a través de un sistema basado en permisos, protecciones y potencia, los cambios oportunos para el crecimiento interior y un mayor bienestar emocional.
Gracias al análisis transaccional es posible comprender cómo entramos en relación con los otros, qué buscamos en nuestras relaciones (qué necesitamos, qué deseamos y qué metas perseguimos) y cuáles son las razones ocultas que nos hacen reaccionar de una forma determinada frente a las circunstancias de la vida, además de potenciar nuestra capacidad de expresar con espontaneidad nuestros pensamientos, sentimientos y necesidades y de actuar en consecuencia».

(Nota: la negrita es mía).

Fragmentos del libro Análisis transaccional (2017), de Alain Cardon, Vincent Lenhardt y Pierre Nicolas.











Propuestas educativas (I): La Escuela Maker


Ángel López Barrilero, ingeniero técnico en Informática de Sistemas, ha creado La Escuela Maker, un centro de robótica y STEAM para niños en Córdoba. En su web nos cuenta cuál es su propuesta en el ámbito de la educación y en qué consiste el movimiento Maker:

 «La Escuela Maker es un centro de robótica educativa y programación para niños/as desde los 6 años.[...] Es un lugar donde dar rienda suelta a tu creatividad e imaginación desarrollando habilidades tecnológicas, científicas y personales y trabajando en increíbles proyectos en equipo. Resuelve problemas reales del mundo real integrando contenido curricular en materias cómo Matemáticas, Ciencias Naturales, Física o Inglés adaptado a su edad.

El movimiento maker nos invita a crear, explorar, compartir y jugar con una comunidad que crece a pasos agigantados. 


Aprende a través de la experiencia

En los años 50´s se popularizó un movimiento cultural llamado “Házlo tú mismo” (DIY) gracias a publicaciones tecnológicas para aficionados como Popular Mechanics o Popular Electronics que invitaban a dar el salto de consumidores a creadores.

El movimiento maker es una evolución que hace uso del avance de la tecnología moderna y un mundo globalizado. Esto nos permite conectarnos, aprender y colaborar juntos con personas de cualquier parte del planeta dando lugar a proyectos realmente sorprendentes. Un maker es una persona interesada en actividades cómo la ingeniería, programación, diseño 3D, uso de herramientas CNC o la electrónica, así como actividades más tradicionales como la carpintería o la metalurgia. Pero sobre todo un maker es una persona que quiere crear, aprender experimentando y compartir el conocimiento con otros. Para ello se llevan a cabo encuentros y jornadas en espacios denominados “Makerspaces” o “FabLabs”. Son lugares físicos donde las personas se reúnen para compartir conocimiento, trabajar en proyectos, pero sobre todo construir.


Los pilares del movimento Maker

CREAR: Este es el pilar fundamental de todo maker. Dar el paso de pensarlo a a hacerlo. Esto no sólo se trata de planificarlo sino avanzar por el camino hasta llevar nuestra idea a la realidad. Ponte manos a la obra: crea, crea y crea, ya sea proyectos divertidos para pasar un buen fin de semana u otros más elaborados que mezclen varias disciplinas y actividades distintas. Recuerda que todos somos creadores.
APRENDER: Para poder crear es fundamental la adquisión de conocimientos y la renovación (aprender nuevas herramientas o programas informáticos por ejemplo). En la actualidad existen gran cantidad de páginas y portales webs que nos permiten poder aprender prácticamente cualquier cosa. Un portal muy conocido puede ser Instructables. También puedes encontrar fantásticas iniciativas españolas como El Cable Amarillo que documenta y fomenta el uso de la programación y la robótica con Arduino o los tutoriales de diseño 3D de Obijuan con Freecad. Que sin duda son una genial base para comenzar con documentación en nuestro idioma si te da miedo el salto al Inglés. Como ves sólo tienes que buscarlo y seguro que lo encontrarás.
COMPARTIR: Cuando las herramientas de creación cómo el diseño 3D pasaron a ser digitales, también lo hicieron sus diseños que ahora se pueden compartir fácil y libremente por Internet. No sólo se trata de compartir lo que has hecho, sino también los aprendizajes que han dejado las dificultades y errores que te encontraste en el camino.El software y hardware libre nos brinda una increíble ventaja que nos permite evolucionar de una manera mucho más rápida y efectiva. No tenemos que estar “reinventando la rueda” constantemente y poder crear nuestro proyecto de forma colaborativa porque “dos cabezas piensan mejor que una”. Podemos encontrar multitud de foros donde verter nuestros conocimientos aprendidos o webs como Github o Thingiverse para la impresión 3D.


El movimiento maker en la educación

En la sociedad hay cada vez más interés por este tipo de actividades de creación artesanal y digital. El impulso de las habilidades STEAM está extendido por muchos países del mundo, incluido España. En los colegios se empiezan a impartir clases de robótica educativa o programación para que los niños empiecen a conocer estos campos que están, y cada vez más, presentes en nuestro día a día. Lo importante de estos talleres es crear curiosidad en el alumno, dándole las herramientas para una cultura más innovadora y emprendedora.

En La Escuela Maker somos unos entusiastas del movimiento maker y el mundo de la tecnología y estamos comprometidos con su uso en la educación. ¿Te gustaría aprender, colaborar y crear cosas increíbles? En nuestros talleres encontrarás un espacio donde experimentar e innovar mientras te diviertes y compartes proyectos con tus amigos, trabajando habilidades técnico-científicas, personales y sociales que les harán comprender el mundo para así poder cambiarlo».







(Fuente: https://www.laescuelamaker.com/)




miércoles, 30 de agosto de 2017

Sistémica y literatura (sec.)


 Inclusión y exclusión. Reconocimiento. Entidad. Identidad. Identificación. Yo y el Otro.  El Otro como espejo. Desapercibido, no visto, olvidado, no reconocido, rechazado, ignorado, juzgado: excluido.


                     

Antonio Cabrera




EL DESAPERCIBIDO


 «Si estamos aquí, en la vida, será para que se note. Después de tanto esfuerzo puesto en su trabajo con nuestra especie, no es mucho pedir que a la evolución se la compense al menos con el logro de hacer palmaria la presencia de cada individuo. No hablo de protagonismo, hablo de constatación. Que mi presencia sea notada, y la tuya, y la de aquel. No hace falta que los focos nos apunten. Bastará con que una luz general nos ponga bajo su atención y haga posible la entidad suficiente de cada uno. Vivos y vistos deberían ser términos sinónimos; y su sinonimia, una evidencia. No sucede así. Existe el desapercibido. No se sabe si por azar o por designio, siempre hay alguien que nadie ve, que nadie tiene en cuenta aun estando aquí o ahí, cerca. Ese que pasa por detrás de nosotros mientras miramos algo. El que en un acto social no merece siquiera el interés breve que despiertan los desconocidos. El que en una multitud es tapado por la multitud. Quien queda olvidado de inmediato como olvidamos el coche que pasa por la calle. O aquel de quien ni tan solo llegamos a saber que fue aquel. Son maneras de pasar desapercibido, de ser el desapercibido. Palpita en todas ellas un corazón secreto pero común, una verdad que cuesta reconocer y comprender y aceptar en su entera consecuencia: cada uno de nosotros es ese desapercibido, el no notado. A todos nos toca ser a menudo no vistos y, por eso, todos llegamos a estar en tantas ocasiones no vivos. Esto es lógico, tremendo, inquietante».

(El desapercibido, de Antonio Cabrera)




Cine y configuraciones familiares (9)



 Prejuicios, murmuraciones, racismo, clasismo, homofobia, secretos, crisis de pareja, amistad, exclusión, desorden sistémico, víctima y perpetrador, juegos de manipulación, maltrato, roles sociales,  convencionalismos, desequilibrio, sexualidad.






Lejos del cielo (2002), de Todd Haynes:

«Harford (Connecticut), año 1957. Frank (Dennis Quaid) y Cathy (Julianne Moore) Whitaker son un matrimonio de burgueses cuya ejemplar vida familiar rezuma felicidad y seguridad. Todo comenzará a venirse abajo cuando Cathy descubra que su esposo mantiene relaciones homosexuales. 

Acertado miramiento a la fragilidad de la prosperidad marital construida en un escenario lleno de prejuicios e hipocresías, elementos de una comunidad sostenida en la apariencia. 

Borda relaciones sentimentales e interpersonales al margen de la convención (homosexualidad, racismo, clasismo…), una convención tutelada por la masa social en pos de un bienestar engañoso, falso, cuya consecución coacciona la emocionalidad real de sus protagonistas para intentar sustentar el denominado “american dream”».

(Fragmentos de la crítica de A. Méndez en http://www.alohacriticon.com)