martes, 28 de agosto de 2018

Viñetas (sec.)



 Autoestima

Liniers



Procrastinación

Tute



Miedo

Quino





La pertenencia.


‹‹La pertenencia. Todos pertenecen, por igual, al sistema. Nadie puede no pertenecer: quien supuestamente no perteneciera simplemente no existiría, puesto que todos empezamos a existir perteneciendo.
La pretensión contraria la conocemos como "exclusión". Pero se trata de una pretensión. Como sabemos por experiencia, mientras no se da su lugar al excluido el sistema no puede encontrar su equilibrio de ninguna forma. A alguien se le puede eliminar de la "foto familiar", pero no de la realidad.
Una forma habitual de excluir es la descalificación, la utilización de juicios negativos, la atribución de maldad o locura. La otra forma habitual es el olvido, la negación del lugar que le corresponde a alguien o la simple desconsideración por dicho lugar. En definitiva: cualquier intento de "desterrar" a alguien de su sitio››.

(Constelaciones familiares: una guía de trabajo, del psicólogo Francisco Sánchez Gavete)

Taller de Constelaciones Familiares en Hueva.






Algunos rasgos del eneatipo 8



Algunos fragmentos sobre el eneatipo ocho de El eneagrama, de la psicóloga Helen Palmer

‹‹Los Ocho describen una infancia combativa, donde los fuertes eran respetados y los débiles no. Al esperar encontrarse en desventaja, los Ocho aprendieron a protegerse, llegando a desarrollar una exquisita sensibilidad para las intenciones negativas de los demás. Se ven a sí mismos como protectores. Como escudo de sus amigos y de los inocentes, colocándose detrás de sus propios cuerpos protectores, mientras continúan luchando contra condiciones injustas.
En lugar de sentirse asustados por el conflicto, los Ocho encuentran su identidad como justicieros, enorgulleciéndose de su deseo de defender a los débiles. El amor generalmente se expresa a través de la protección y no mediante manifestaciones de ternura. El compromiso significa colocar a los seres queridos bajo sus alas y procurar que su camino se encuentre libre de peligros.
El asunto central es el control. ¿Quién tienen el poder? ¿Será justa esa persona? Prefieren ocupar la posición de mando, ejercer el propio poder sobre la situación y mantener el control sobre el resto de contendientes poderosos. Tienen la necesidad de comprobar la justicia y la capacidad de autoridad. "¿Caeré en manos de personas equivocadas? ¿Serán una pandilla de tontos? ¿Cómo reaccionarán bajo presión? Veamos qué hacen".

El poder suele ser verificado, presionando los puntos más vulnerables de las personas y observando sus reacciones. ¿Se desquitarán? ¿Se rendirán débilmente o se mantendrán a cualquier costo fieles a un principio? ¿Cambiarán su posición al verse acorralados? ¿Mentirán, manipularán o dirán la verdad?

La sólida coraza de un Ocho protege el corazón de un niño dependiente, prematuramente expuesto a circunstancias adversas. La recriminación y el deseo de castigar las injusticias son preocupaciones centrales, puesto que al definir un punto de culpabilidad uno puede actuar legítimamente para apoderarse del control en calidad de justiciero y defensor de los inocentes. La ira y la acción pueden ser movilizadas en contra de las amenazas externas. La ira hace sentir al Ocho poderoso, al reemplazar al instante el miedo subyacente de ser vulnerable ante los demás o de ser traicionado por alguien en quien confía.

Este eneatipo desconfía profundamente de la ambigüedad, los mensajes ambivalentes o las sucesiones de mando confusas ya que su visión del mundo parte de la premisa de que los fuertes triunfan y los débiles fracasan. La seguridad consiste en conocer al adversario y saber quién le protege a uno las espaldas. Bajo presión, la atención se limita a la medida del propio poder en contra de la fuerza o debilidad de un adversario. ¿Es el adversario inocente o culpable, amigo o enemigo, guerrero o cobarde? Muy pocas veces cuestionan su propia opinión. Discutir necedades acerca de los méritos de una opinión, o indagar en las motivaciones psicológicas propias, serviría solo para deteriorar una posición personal sólida.

Desean controlar sus vidas y que todo marche conforme a lo previsto, pero si carecen del reto de una posición que defender, se irritan y se aburren rápidamente. Una vez que han sido determinadas las reglas de comportamiento, procederán a menudo a romper aquellas guías de conducta que ellos mismos insistieron en establecer. Si se sienten aburridos o con exceso de energía, crearán problemas. Esto a menudo se manifiesta provocando discusiones, interfiriendo en la vida de sus amistades o poniendo una gran cantidad de energía en algún asunto secundario.

Otra solución que utilizan para liberar la sobrecarga de energía y la presión consiste en excederse. Exceso en lo que les gusta, en cuanto a sexo y sustancias, fiestas que duren toda la noche, distracciones violentas, trabajar hasta el agotamiento. Encontrar la comida tan sabrosa que comen tres platos en muy poco tiempo. Una vez que su atención se fija en el placer es muy difícil transferirla. Y un placer conduce a otro, etc.

Las inquietudes habituales del Ocho incluyen:

-El control de las posesiones y espacios personales y el control de las personas que podrían influir sobre su vida.
-La agresión y la expresión de franca ira.
-La preocupación por la justicia y por la protección de los demás.
-Los enfrentamientos y el sexo como forma de establecer contacto. Confianza en la gente que se mantiene firme durante una discusión.
-El exceso como un antídoto contra el aburrimiento. Entretenimientos violentos, juergas. Demasiado, demasiado ruido. Exceso.
-Al ser afectados por los demás, pueden negar los sentimientos reales mediante la separación, objetando aburrimiento o recriminándose internamente por sus errores pasados.
-Un estilo de atención intransigente, todo o nada, lo cual puede provocar que las cosas sean vistas en sus extremos. Las demás personas les parecen o fuertes o débiles, justas o injustas, sin términos medios››.



 Taller de Eneagrama en Huelva.








lunes, 2 de julio de 2018

Relaciones entre padres e hijos.



‹‹Deja que tu hijo decida cuándo quiere tener contacto contigo. Los niños son los que necesitan a los padres, no al revés. Cuando tú actúas como si lo necesitases a él, le estás entregando el poder sobre ti, lo que no es bueno ni para él ni para ti. Quien tiene la razón puede esperar››.

(Carta a los padres, de Bert Hellinger).










miércoles, 23 de mayo de 2018

Sistémica y literatura (sec.)



Para Brigitte Champetier de Ribes, Ignacio Félix Zaldívar García de Galdeano, Gema García Rodríguez y Marta Martín Gómez, con mi agradecimiento y mucho cariño. Gracias por ser como sois.


Moral: el bien y el mal.



‹‹Si en algún lugar hubiera personas acechando para perpetrar iniquidades bastaría con separarlas del resto de nosotros y destruirlos. Pero la línea que divide el bien y el mal pasa por el centro mismo del corazón de todo ser humano. ¿Y quién está dispuesto a destruir un solo fragmento de su propio corazón?››.
                                                                                                  Aleksandr Solzhenitsyn



miércoles, 2 de mayo de 2018

Eneatipo 3, subtipo conservación


 Talleres de mayo en Huelva: Eneagrama y Constelaciones Familiares.






  Algunos aspectos del Eneatipo 3, subtipo conservación:


 Fragmentos tomados de "Persona y sombra: lo destructivo para sí y para los demás" (por Ferrán Pauné y Assumpta Mateu), en Psicología de los eneatipos. Eneatipo 3. Vanidad, de Claudio Naranjo (ed.), (Barcelona, 2017, Ediciones La Llave).

‹‹La presentación del Eneatipo 3 (E3) conservación ante los demás se puede resumir con los siguientes descriptores: alguien adecuado, serio, perfecto, confiable, seguro, al servicio del otro y feliz por hacerlo, sin problemas, con las dificultades superadas y todo bajo control. Se trata pues de personas muy clavadas en el “hacer” y en superarse (“yo puedo”), dado que los títulos (“yo valgo”), éxitos (“soy visto”) y logros (“soy alguien”) van encaminados a confeccionar una máscara que debe compensar todas las necesidades no satisfechas y las deficiencias de desarrollo psicoemocional. Al sobrevalorar los logros y los éxitos, sacrifican el placer, el reposo y lo lúdico. Y sacan su frustración profunda de una forma encubierta.

El E3 conservación se presenta típicamente como alguien que está siempre muy ocupado, enérgico, optimista, lleno de planes, expectativas y proyectos interesantes, autosuficiente, independiente y satisfecho en la vida. La sobreocupación tiene aquí la función no tanto ya de mostrarse como una persona muy válida, como de esconder ante sí mismo la inseguridad de ser. En definitiva, ese estrés va aparejado a la búsqueda de seguridad. Es por esa misma razón que vende seguridad, aconseja a los demás, ofrece soluciones, da lecciones, sabe cómo hacer las cosas bien y salva a los demás. Ahí radica otra característica de la presentación del conservacional: ser bondadoso e incluso benevolente, acercándose al modelo de Robin Hood; busca destacar por sus buenas obras. 

Aun siendo extremadamente competitivo, el E3 conservación puede trabajar bien en equipo, donde pretende asumir el liderazgo de la organización y la ejecución de las actividades. No obstante, y contrariamente a lo que podría pensarse, cuando son otros los líderes intenta aliarse con ellos, cediendo el liderazgo a cambio de mayor seguridad. 

Ahora bien, cuando se siente amenazado puede atacar por la espalda (aunque solo sea desde la crítica aparentemente objetiva). En estos casos suele también retirarse emocionalmente, ya que tolera muy mal el rechazo y la no confluencia. Pero, ¿por qué tal exigua capacidad de estar con el rechazo del otro? Porque debe ocultarse a sí mismo el sufrimiento que le representa su enorme necesidad del otro, más aún estando este a una buena distancia emocional. Y es que, ¿con quién va a relacionarse un individuo que huye de conectarse consigo mismo? Pues con personas que tampoco estén muy conectadas. 

No deja de sorprender que un carácter fijado en la confluencia haga lo posible para no contactar con el otro ni consigo mismo, es decir, que se autoboicotee. La confluencia real estriba en la escucha mutua y en un encuentro desde el sentir. ¿Por qué evita esa escucha centrada (real) y el sentir profundo? Por su necesidad de ocultarse a sí mismo el miedo a ser (a expresarse, a manifestarse) y a un eventual contacto consistente con el otro que le lleve a la verdad. 

Justamente una de las características más relevantes de este subtipo -el ser buena persona e inofensiva- constituye la base de la manipulación, un rasgo que en la mayoría de conservacionales queda escondido y no visible. Esa parte monstruosa existe cuando hay un objetivo y la necesidad de conquistarlo. La forma de llegar a ello es usar cualquier tipo de arma, adoptando la moral a lo que la persona quiere. Los fines justifican los medios. No obstante, los medios no aparecen y quedan en secreto para mantener la imagen de buena persona. 

Cabe mencionar que el E3 conservación tiene mayor dificultad que los otros subtipos para encarar un conflicto. ¿Por qué? El conflicto y la confrontación traen la idea de desarreglo, de rechazo, de inseguridad, y la amenaza de abandono o distanciamiento. Los conservacionales no muestran la debilidad, a lo cual se añade el deseo de que los demás descubran que necesitan ayuda. Es más: aun así pueden llegar a rechazar la ayuda: “No, gracias, estoy bien”. En definitiva, una vez más, bajo la autonomía está el gran dragón de la supervivencia; un dragón que destruye vínculos. 

No es de extrañar el miedo a que se descubra que la persona no es tan buena o generosa como aparenta, lo cual induce a trabajar cada vez más para mantener la máscara, esa imagen de que se puede hacer cualquier cosa. Se observa cómo el optimismo oculta la desesperación, el estar atareado oculta la angustia de sentir el vacío. 

Otro punto de interés es la falta de espiritualidad auténtica. La espiritualidad verdadera no se encarna porque la vive desde el logro y la imagen, como dos zanahorias más delante del burro de carga: la promesa de ser mejor y más aceptado, y la de la felicidad sin tener que mirarse la popia oscuridad. La persona se puede mostrar como alguien avanzado espiritualmente, puesto que eso implica reconocimiento. Pero en realidad es un medio de escape de la falta de conexión consigo misma, y un modo de esconder el miedo al mundo, a la vida y a vivir. Dado que el futuro no se puede adivinar ni controlar, le da miedo. Por ello vive preservándose de la incertidumbre, de todas las maneras materiales posibles, ya que no confía en la vida. 

Uno de los aspectos más destructivos del E3 conservación bien pudiera ser la manera como da salida a la frustración profunda de no sentirse ser, es decir, de saberse intuitivamente desencaminado de la autorrealización y lejos de la plenitud. Esa frustración, que nace del dolor del desarraigo profundo, se vuelca en forma de exigencia y de rabia hacia los que le rodean. Esa rabia que debe contener para mantener la máscara de adecuado y bueno explosiona por las fisuras de la crítica, la exigencia, la protesta, la reivindicación e incluso el despotismo. 

En fin, lo más destructivo para sí mismo y para los demás es la ocultación del vacío de ser tras una máscara valorable, junto a la expresión destructiva del desasosiego interno que ello conlleva. El camino de vuelta a casa es el inverso, es decir, el que va de la mediación a la meditación››.





También la herida forma parte de la vida, y también la cicatriz, que indica que la herida está curada, aunque el lugar sigue siendo vulnerable; nos advierte de proceder con atención y cautela, (Bert Hellinger)››.




Cine y configuraciones familiares (12)



Inmigración, marginación, exclusión, desarraigo; identidad, supervivencia, campo de refugiados; inclusión, solidaridad, fraternidad, empatía, amistad, esperanza, concordia, inclusión; relación de pareja, amistad, adolescencia.






‹‹En una época como la nuestra donde hemos ido perdiendo paulatinamente nuestra condición de ciudadanos hasta convertirnos en simple consumidores y donde cualquier manifestación artística se ejecuta y factura atendiendo a criterios puramente industriales, la existencia de un cineasta como Aki Kaurismäki es un aire de esperanza.

Lo es, en primer lugar, por su compromiso con el arte. Se trata de un director singular que, sin sellar ningún tipo de renuncia ni claudicación, ha logrado imponerse apelando a un universo creativo propio con unos signos identitarios perfectamente asumibles por parte del espectador y que no son sino una proyección personal de aquellos elementos de pureza que atesoraba el cine en sus orígenes (en Kaurismäki están presentes las huellas de Keaton y de Chaplin, pero también de Murnau, de Clair, de Renoir, de Buñuel así como de maestros de la edad de oro de Hollywood como Hawks, Ford, Preston Sturges o Raoul Walsh).

Pero también resulta esperanzador su cine porque lejos de ser una revisión permanente de influencias externas con ánimos recicladores éstas son reinterpretadas desde un compromiso con el aquí y el ahora, dando voz a aquellos que no la tienen, a los parias, a las clases populares siempre golpeadas, siempre a la deriva… Lo bueno es que lejos de facturar, en este sentido, un cine doctrinario, maniqueo, caracterizado por el dirigismo ideológico, a Aki Kaurismäki le gusta nadar a contracorriente a la hora de hacer poesía del desarraigo. Sus películas son demoledoras, pero también tiernas, entrañables, luminosas como lo era en la adversidad el gesto de su admirado Keaton.

Por eso, si en medio de un escenario de bonanza como el que caracterizó la Europa de hace unos años, el director finlandés fue capaz de perpetrar una obra tan demoledora y pesimista como Luces del atardecer, ahora en un escenario que es el opuesto, con una crisis que saca a relucir lo peor de cada ser humano, Kaurismäki elabora una película como Le Havre: El puerto de la esperanza. Aquí se reivindican la fraternidad y la concordia como valores universales y necesarios en la convivencia y como herramientas de primera magnitud de cara a afrontar una recesión que no es sólo económica sino que alumbra, por desgracia, una acuciante pérdida de valores, puestos en cuestión por un exceso de mezquindad, de individualismo, de egoísmo.

Frente a todo eso se rebela de manera alegre el protagonista de esta película, Daniel Marx (no se podía apellidar de otra forma) un viejo bolero que vive despreocupado con el dinero justo (lo que le sobra se lo gasta en un par de vinos y en regalar algunas flores a su mujer) y al que la mirada de un niño subsahariano buscado por la policía tras haber escapado de una redada de indocumentados, le basta para actuar de acuerdo a la lógica de quien asume que la ley y la justicia no son la misma cosa.

Un filme excepcional que además nos devuelve la confianza en el ser humano (nada nuevo viniendo de Aki Kaurismäki)››.

(Crítica de Jaime Iglesias en https://www.cinepremiere.com.mx/review-cine-le-havre-el-puerto-de-la-esperanza.html)





Musicoterapia (sec.)



Radical Face:


Doorways




Secrets